Author Archives: admin

El tentador carro rojo

El tentador carro rojo
El tentador carro rojo

Cuenta una leyenda que en lacarro rojo carretera vieja que va desde el Distrito Federal a la Ciudad de Cuernavaca, Morelos, por las noches se ve circular un automóvil rojo. En él van varias mujeres jóvenes, con aspecto de mujeres galantes. Este fantasmagórico carro, dicen los que lo han visto, también se aparece en diferentes lugares de la Ciudad de México, y en lugares muy apartados entre sí.

Las mujeres transitan en dicho automóvil son muy bellas, van vestidas con ropa llamativa y atrevida, como si fuesen o salieran de una fiesta. Gritan y cantan felices de la vida, pareciera que se hubiesen tomado unas cuantas copas de más. Cuando en su recorrido por la carretera o por las calles de la Ciudad de México encuentran uno a varios hombres, con palabras y gestos obscenos lo invitan a subirse al carro rojo, que por cierto es muy elegante.

Las mujeres son tan bellas y sus actos provocativos tan sexuales que pocos son los hombres que logran substraerse a la invitación. Una vez que el hombre ha subido al carro rojo, desaparece por varios días, hasta que por casualidad su cuerpo es encontrado a la orilla de la carretera o en la cuneta de alguna de las calles citadinas.

Cuando el cuerpo es revisado en la Morgue, se le encuentran tatuadas señales, símbolos y dibujos que hacen pensar que esas mujeres pertenecen a alguna secta diabólica, y que la víctima ha sido objeto de ceremonia y rituales pavorosos, aun cuando ningún hombre a sobrevivido para contarlos.

Sonia Iglesias y Cabrera

Fuente: Leyendas de terror

El Indio Traidor

El Indio Traidor
El Indio Traidor

La leyenda que vamos a relatar es absolutamente verídica y ocurrió en la actual Calle del Carmen, fue recopilada por el conde de la Cortina en uno de sus escritos. Dicho conde afirmaba que después de la conquista hispana, las autoridades españoles decidieron proteger a los indios mexicanos de noble estirpe que había sido apresados o que se presentaron, voluntariamente, ante los españoles para servirles, renegando de la supuesta tiranía de que habían sido víctimas por la crueldad de Moctezuma Xocoyotzin. A cambio de la supuesta protección, los hispanos los empleaban como espías delatores de posibles levantamientos indígenas.

En una casa de la nombrada Calle del  Carmen vivía, a mediados del siglo XVI, uno de estos indios renegados de noble estirpe. Realizaba las tareas de espía, y era servilmente amigo del virrey, quien a la vez que lo apreciaba lo despreciaba. Como pago a sus servicios, el indio renegado poseía varias casas en la ciudad, extensos campos donde cultivaba maíz y otros vegetales, donde pastaba el ganado y paseaban diversas aves de corral. El indio no carecía de nada, era rico, pues además había heredado de sus antepasados anillos, brazaletes, collares de chalchihuites, bezotes de turquesa y obsidiana, piedras preciosas y discos de oro imitando al Sol y a la Luna, más una hermosa y valiosa vestimenta de fino algodón con bordados de plumas de aves exóticas, así como cacles de excelente cuero y tiras trenzadas con oro. Su casa estaba lujosamente amueblada con icpallin maravillosamente tejidos, cómodos y suaves para el cuerpo; y con bancos forrados de pieles de hermosos animales. Ni que decir tiene que su casa estaba adornada con obras de arte debidas a excelentes artistas indígenas.

Por supuesto que el indio había recibido el bautismo a manos de los frailes; se le había enseñado el catecismo, por lo que el hombre, muy devotamente, iba a misa, se confesaba y seguía todos los preceptos de la religión católica. Sin embargo, el indio era socarrón e hipócrita, pues en un cuarto apartado de su impresionante casa, tenía escondido un altar, como si se tratase de un adoratorio católico en el cual se apreciaban varias imágenes del culto cristiano. Pero todo era una pantalla, pues escondidos tras las imágenes católicas había ídolos mexicas que representaban a varios dioses de la religión caída de los indios conquistados. El indio engañaba a los frailes haciéndoles creer que era un buen cristiano, cuando en realidad no sólo adoraba a ídolos “paganos” sino que llevaba una vida disipada y degenerada, entregada a los placeres de la sexualidad, de la buena comida y la bebida. Comía platillos indígenas llenos de chile y grasa, bebía en jícaras pulques de todo tipo que le emborrachaban y embrutecían, y a los que se agregaban ciertas drogas alucinógenas.

Esta continua vida de disipación embrutecieron al indio a tal extremo que vivía lleno de superstición y de un terrible miedo a la ira de los dioses que adoraba, y a los tormentos que el diablo le infligiría, al cual veía pintado en los retablos de las iglesias. Descompuesto y a punto del delirium tremens, en una de sus borracheras se le apareció el dios Quetzalcóatl, y con una flecha de fuego puso fin a los días del indio traidor y servil. Moraleja: No se puede ni se debe servir a dos amos.

Sonia Iglesias y Cabrera