Category Archives: Leyenda mochó

El origen del Sol

El origen del Sol
El origen del Sol

Cuenta la mitología mochó del estado de Chiapas, que hace ya bastante tiempo existió una mujer muy vieja que tenía tres hijos. Todas las mañanas los tres salían a trabajar. Un día el hijo más pequeño se negó a ir a laborar y le explicó a su mamá que sus hermanos le pegaban. Los hermanos negaron la acusación. Al otro día, salieron los tres rumbo al trabajo, pero a medio camino los hermanos mayores mataron al chiquito. Se fueron a sus labores y regresaron a su casa por la tarde. Cuando entraron en la casa vieron a su hermano sentado junto al fuego del hogar y pensaron que era un espanto. La madre les dijo que ya no podría ir a trabajar porque lo habían matado. Los jóvenes negaron la acusación y dijeron que no quería ir a las labores por haragán. Al día siguiente los tres salieron a la faena y le dijeron al pequeño que fuera a buscar leña. Cuando el hermanito regresó con la leña, lo mataron, lo cortaron en pedazos y los arrojaron al fuego que habían hecho con la leña; los pedazos se convirtieron en carbón.
Cuando regresaron a su casa, vieron de nuevo el pequeño sentado junto al fuego. Se asustaron mucho, la madre les dijo que su hermanito no iría más con ellos porque le pegaban. Los hermanos volvieron a negar la acusación y le dijeron a la madre que no iba a trabajar porque era un haragán. Al otro día, se marcharon los tres a las labores. A medio camino amarraron al chico, lo tiraron a un barranco, y se fueron. Un viejo vio al muchachito ahí y le preguntó por qué se encontraba en ese estado, a lo que contestó el aludido que sus hermanos le trataban muy mal y lo habían tirado al barranco. El viejo lo desató y le dijo que cerrera los ojos, y se lo llevó con él. Cuando el viejo le ordenó abrir los ojos, se encontraba en otro lugar. El hermanito le pidió dos días de permiso para ir a su casa a despedirse de su madre; cerró los ojos y de pronto se encontró en su casa frente a la mujer: -Madre, vengo a despedirme de ti, porque ya tengo otro trabajo. La madre, preocupada porque no había comido le ofreció una tortilla que él rechazó: -¿Madre mía, ahora no quiero comer! La mamá se dio cuenta de que la tortilla estaba hecha un carbón y la espalda del niño estaba ardiendo. En esas estaban cuando llegaron los malos hermanos. En cuanto le vieron se murieron y se convirtieron en carbones. El hermanito se fue y al otro día amaneció convertido en Sol. Así fue el origen del Sol. (1)

(1) Informante, Perla Petrich
Sonia Iglesias y Cabrera

El Fuego, K’ja’j

El Fuego, K’ja’j
El Fuego, K’ja’j

En un tiempo ya pasado, los indios mochós vivían desnudos y no tenían fuego, lo buscaban pero sin ningún resultado positivo; debían comer la carne de los animales que cazaban cruda, chorreando de sangre, lo cual no les agradaba mucho. Cansados de comer carne cruda y sanguinolenta, decidieron poner fin a esta situación, llamaron a la Paloma con la orden de que encontrara el fuego, pero de nada sirvió, pues no encontró nada. Entonces el rey le dijo que estaba bien, que buscaría a alguien más que ayudara a solucionar el problema. En ese momento el rey vio a Gorrión, y le dijo: -¡Tú hermoso pajarito, que tienes el cuerpo chiquito y las alas prontas, ve y consigue el fuego, porque nosotros nos morimos de frío así desnudos y debemos comer la carne cruda y llena de sangre! ¡Ve, Gorrión, a buscar el fuego que tanta falta nos hace!

Gorrión voló y voló, hasta que llegó a una cueva. Entró en ella y encontró muchas brasas. Trató de levantar una, pero no pudo, era demasiado pequeño y la brasa muy grande, sólo consiguió quemarse el piquito. Entonces regresó con el rey y le dijo: -¡Oh, querido rey, encontré el fuego pero no lo pude traer! El rey le ordenó que indicase dónde estaba el deseado elemento, pero Gorrión contestó: ¿Y qué comida me vas a dar? A lo cual el rey replicó: -Por eso ni te preocupes comerás pura miel de las flores.

En seguida, el rey llamó al Rayo, y le dijo: -¡Padre Rayo, tú eres el dueño del fuego, ayúdanos a secar nuestra carne, a quitarle la sangre, porque queremos comerla seca y cocida! El Rayo aceptó, les dijo que se los daría en el cerro, porque donde se encontraban era peligroso, no fuera a quemarse todo. Entonces, Rayo quemó todo el cerro, todos los árboles; el venado, el jabalí, el zorrillo, y el coyote salieron huyendo. Los hombres se fueron acercando al cerro, mientras caminaban sentían el cuerpo calientito. Se pusieron tan contentos que se fueron a buscar ramas para mantenerlo y conservarlo, pues el fuego les proporcionaría calor y cocería su carne haciéndola más comestible. Así fue como los indios mochós conocieron el fuego, el k’ajk’j sagrado.

 Informante, Andrés Jiménez Mateos

Sonia Iglesias y Cabrera

Matias y la roza

Matias y la roza
Matias y la roza

En cierta ocasión Matías y su hijo Ramiro, dos indígenas mochós, caminaban por el campo cuando vieron un cerro. Al verlo Matías se dirigió a su hijo y le dijo que ese cerro estaba bueno para que sembraran. Ramiro asintió. Al llegar el tiempo de la roza, el hombre le avisó al hijo que saldrían por la mañana para ir a efectuar el trabajo de roza al monte. Cogieron sus machetes, los afilaron y salieron de su choza. Ninguno de ellos se acordó de Dios, no pensaron en él.

En el campo todos los animales y las aves se despertaron y vieron llegar, indignados, a los campesinos, pues sabían que iban a destruir parte del bosque. Entonces, se dirigieron a Dios y le dijeron: – Dios nuestro, venimos a avisarte que llegaron dos hombres a destruir el lugar donde vivimos y que nos da de comer. Son unos destructores. Dios, conmovido, respondió: ¡Queridos animales, queridas aves, no se preocupen, no tengan miedo, nada va a pasar, esos hombres ni siquiera me han pedido permiso de hacer lo que quieren, me olvidaron! ¡Regresen tranquilos a sus casas! Lo cual hicieron presto.

Cuando llegaron Matías y Ramiro en seguida se pusieron a trabajar. No bien habían dado inicio a sus labores cuando el machete se le cayó a Matías y le cortó la mano. Asustado, el padre ordenó regresar a casa, pues la herida era muy fea y profunda. Ya no pudieron hacer nada. Al año siguiente, Matías le dijo a su vástago: ¡Volvamos al cerro! Ya llegó el tiempo de la roza. Al otro día salieron de la casa y se dirigieron al cerro. No pensaron en Dios, sólo iban dispuestos a emprender el trabajo en un cerro que creían suyo y de nadie más. Al verlos, la iguana, el venado, el jabalí, el quetzal, y todos los animales del bosque, acudieron a Dios para expresar la misma queja que el año anterior. Dios los tranquilizó como lo había hecho ya, y los envió a sus casas aconsejándoles tranquilidad.

Los hombres se aprestaron para trabajar en la roza. De pronto a Matías le vino una fuerte fiebre y tuvieron que volver a su casa. Al año siguiente, en el tiempo de la roza, Matías y su hijo decidieron volver al cerro. Sin embargo, en esta ocasión el padre dijo que primero le rezarían a Dios y le pedirían permiso para rozar y sembrar en el cerro. Los animales volvieron con Dios a reclamar, pero les dijo: ¡Lo siento mucho, esta vez nada puedo hacer porque los hombres se acordaron de mí y me rezaron! Pero no se preocupen, ustedes podrán comer lo que siembren y vivir en el terreno que quede inculto. Y así fue, desde entonces los animales comen los elotes de la milpa y viven a la orilla de la milpa en santa paz.

 Sonia Iglesias y Cabrera