Category Archives: Leyenda pima

Los hijos de Nube. Leyenda pima

Los hijos de Nube. Leyenda pima
Los hijos de Nube. Leyenda pima

En el tiempo en que la cultura Hohokam (siglo IV n.e.) estaba asentada en las cercanías del Río Gila alrededor de las hoy ruinas del templo de Casas Grandes, vivió una mujer que tenía dos hijos gemelos engendrados con Nube que habitaba muy lejos. Ojos de Obsidiana era muy bella y joven, de piel morena y dorada.

En cierta ocasión, Ojos de Obsidiana estaba tejiendo petates cuando sus hijos se acercaron a ella y le preguntaron que quién era su padre; le reclamaron que no tenían a nadie a quien recibir con gritos de júbilo cuando regresara de la guerra o de la cacería. Ojos de Obsidiana les contestó que en la mañana miraran hacia el Oriente para ver una nube muy blanca, y que esa nube era su padre. Emocionados, los gemelos quisieron conocer al padre y le preguntaron a la madre si podían ir a visitarlo. La joven dijo que por supuesto, que estaba bien, que era posible visitarlo, pero que había que emprender un largo viaje sin parar: -Primero llega Viento, que es el hermano mayor de su padre, y detrás de él se encuentra Nube.

Los hermanos emprendieron el viaje. Durante cuatro días caminaron hasta que llegaron a la casa de Viento. Al verlo, ansiosos le preguntaron: -¿Es usted nuestro padre? A lo que Viento contestó con potente voz: ¡Claro que no, yo soy su tío! Su padre vive en la casa de junto. Vamos con él. Al llegar los gemelos se subieron en Nube y emprendieron el vuelo, pero se cayeron, y ésta les dijo que se fueran a ver a su tío para que les dijera qué hacer. Cuando llegaron con Viento les envió de nuevo con Nube, se subieron y se volvieron a caer. Esto sucedió por cuatro veces. Entonces Nube, desesperada, les dijo: ¡Demuéstrenme que son mis hijos, si lo son pueden hacer lo mismo que yo! El gemelo más joven, el que había nacido segundo, envió una retahíla de rayos y truenos al Cielo. Y el otro, el más viejo envió un luminoso y caliente rayo atronador. Al ver lo que podían hacer los gemelos, Nube exclamó jubiloso: ¡Sí, ustedes son mis hijos, tienen el mismo poder que yo! Sin embargo no conforme con lo visto los puso otra vez a prueba, los llevó a una casa de un pueblo que una tempestad había inundado, al tiempo que pensaba que si eran sus hijos no se ahogarían. Nube provocó mucha lluvia, el agua subió y subió, pero a los niños no les pasó nada. Entonces, Nube se los llevó a su casa donde estuvieron viviendo por mucho tiempo.

Los gemelos deseaban ver a su madre porque la extrañaban. Nube les hizo unos arcos y flechas especiales para que se fueran a la casa de Ojos de Obsidiana; les recomendó que no hablaran con nadie que encontrasen en el camino. Cuando se puso el Sol los chicos partieron. Primero se encontraron con Cuervo, y lo esquivaron; luego se toparon con Correcaminos, con Halcón y con Águila, e hicieron lo mismo. Águila los quiso asustar y se lanzó sobre sus cabezas hasta que los hizo llorar, pero en seguida les dijo que solamente estaba jugando que no les iba a hacer nada malo. Siguieron caminando y se encontraron a Coyote, corrieron para esquivarlo, pero Coyote les dio alcance. Entonces Nube que estaba vigilando a sus hijos, le envió truenos y relámpagos hasta que Coyote huyó. En ese momento los gemelos se transformaron en enormes plantas de mezcales. Es por eso que las montañas están llenas de mezcales, y los truenos y relámpagos van de un lado a otro en la montaña como lo hicieron los hijos de Nube.

 Sonia Iglesias y Cabrera

 

Los ojos de Coyote

Los ojos de Coyote
Los ojos de Coyote

Un día Coyote estaba paseando por el campo muy feliz de la vida. De pronto vio a un pequeño pájaro que daba saltitos muy contento. Coyote pensó que era un ave muy bonita que se movía con mucha gracia. Lleno de curiosidad, Coyote se acercó al pájaro y le preguntó: -¿Qué es lo que estás haciendo, hermosa ave? El pájaro se quedó desconcertado porque no entendió lo que Coyote le decía. Pasado un pequeño rato, el pájaro se sacó los dos ojos y los aventó hacia arriba como si se tratara de dos piedras. En seguida, el ave miró a lo alto y dijo: – ¡Vengan hacia mí, mis ojos, vengan hacia mi cabeza! Y los ojos bajaron y se colocaron en el lugar de costumbre; sin embargo, los ojos se veían mucho más brillantes y límpidos que antes. Coyote, en un arranque de envidia, pensó que él también podría hacer que sus ojos fuesen más luminosos, y le pidió al pájaro que le sacara los ojos. El ave obedeció y cuando tuvo los ojos de Coyote en las manos (léase alas) los arrojó al aire tal y como había hecho con los suyos. Entonces, Coyote levantó la cara y gritó: ¡Vuelvan mis queridos ojos, vuelvan pronto! Los ojos descendieron y se colocaron en su sitio habitual. Coyote se dio cuenta de que brillaban mucho más que antes. Ante este hecho, Coyote quiso repetir la acción para obtener mayor brillo, pero el pájaro le dijo que no. Coyote insistió, y el ave le dijo: ¡no veo la razón por la que deba trabajar para usted, ya no lo voy a hacer más! Pero Coyote, empecinado, insistía en que le volviese a sacar los ojos. Cansada de tanta insistencia, el ave le sacó los ojos y los arrojó al aire. Coyote gritó: ¡Vengan ojos míos, regresen conmigo! Pero los ojos no obedecieron y siguieron elevándose en el aire. Al ver que sus ojos no regresaban Coyote se puso a llorar. El pájaro le dijo que ya estaba cansado de él que se iba, que hiciera lo que quisiera y se pusiera otros ojos. Sin embargo, Coyote quería los suyos, y le suplicó que fuese a buscarlos. El pájaro tomó resina de un árbol de pino pequeño, la amasó con sus manos, hizo dos ojos, y los puso en las orbitas vacías de Coyote. Estos nuevos ojos eran de color amarillo y no se parecían nada a sus antiguos ojos negros y brillantes. Enojado y fastidiado, el pájaro con cajas destempladas corrió a Coyote y le dijo que no volviera. Desde entonces los coyotes tienen los ojos amarillos.

Sonia Iglesias y Cabrera

El origen del saguaro y del palo verde

El origen del saguaro y del palo verde
El origen del saguaro y del palo verde

El pueblo o’odham, “pueblo del río”, habita parte de los estados de Sonora y Chihuahua. Comprenden dos regiones: la Pimería Alta y la Pimería Baja. La primera es una región árida, con elevaciones serranas; la segunda, es una zona de sierra, donde existen pinos, oyameles y ailes. Actualmente, los indígenas de ambas regiones sufren un devastador proceso de extinción.

Nuestra leyenda procede de la Pimería Alta, y nos fue relatada por doña Augusta Benedico, mujer de setenta y tres años que guarda celosamente las tradiciones orales de su pueblo, con el objeto de trasmitirlas a su nieta, para que no se termine el conocimiento de los indios pimas.

Doña Augusta nos relató que hace cientos de años una anciana pima vivía con sus dos nietos en la Pimería Alta. La mujer se llamaba Nube de Plata, se había hecho cargo de los niños desde que sus padres muriesen a causa de una misteriosa enfermedad, de la cual los chamanes no pudieron curarlos. Los tres vivían en paz y relativa armonía. Todos los días la buena anciana se encargaba de moler el maíz para hacer las tortillas con las que se alimentaban los pequeños que contaban ocho y diez años. Un día en que ponía a calentar una olla con agua fuera de la casa, les advirtió sus nietos que no fueran a pelearse porque podrían tirar la olla. Pero los nietos, al fin niños, no le hicieron caso y se pusieron a pelear. Como consecuencia del pleito derramaron la olla con agua. Nube de Plata, enojada por la desobediencia, les propinó fuertes nalgadas a los escuincles desobedientes.

Los nietos montaron en cólera ante los golpes y huyeron de la casa. Corrieron lejos, hacía las montañas, iban silbando de burla. La abuela salió tras ellos, siguiendo el sonido del silbido, pero fue de un lado a otro sin poder darles alcance. Mientras tanto, seguros de haber burlado a la abuela, el nieto mayor dijo que se iba a convertir en saguaro, porque deseaba vivir para siempre y dar fruto cada verano. El saguaro (Carnegiea Gigantea) es un cactus típico del desierto de Sonora, de tallo en forma de columna y que puede alcanzar hasta los doce metros de altura, y con un diámetro de sesenta centímetros. Ante lo expresado por su hermano, el nieto menor decidió que él se convertiría en palo verde, para quedarse en las montañas para siempre, ya que estaban tan desnudas y llenas de rocas, él pondría algo verde a esa desnudez. El palo verde (Parkinsonia Microphylla) es un arbusto de hasta ocho metros de altura, de corteza suave y verde, flores amarillas, que da frutos en forma de vaina.

Al estarlos buscando, Nube de Plata oyó que un cactus silbaba y reconoció la voz de su nieto. Se acercó y trato de tomar la planta entre sus manos, pero no pudo porque se espinó y a consecuencia de ello murió. Los hermanos se quedaron convertidos en cactus y arbusto. Desde entonces, el desierto está lleno de saguaros, y en las montañas abundan los palo verdes.

 Sonia Iglesias y Cabrera