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Los espíritus del agua

Los espíritus del agua
Los espíritus del agua

Matlalcuéyetl, La de la Falda Azul, tenía una hija, Atlihuetzia, muy bella y muy limpia, pues siempre iba a bañarse a la cascada que estaba cerca de la montaña donde vivían. A su madre no le gustaba que fuera, pues en el agua había chanes, chaneques, que apresaban a las personas y las llevaban a su reino en el fondo del agua. Pero Atlihuetzia insistía en ir porque le gustaba sentir el agua fresca correr por su cuerpo. Un día que se estaba bañando en la cascada se le apareció un ser pequeñito, que le preguntó, después de decirle lo bella que era, si deseaba conocer donde vivía. Asustada, la muchacha corrió a su casa. Pasados unos días, Atlihuetzia se encontraba cortando flores cuando volvió a escuchar al mismo chaneque que la saludaba, corrió y le contó a su madre que un espíritu del agua la perseguía y le decía piropos. La madre le advirtió que por nada del mundo aceptase ir a su casa en el fondo de las aguas y que los piropos eran inofensivos. Un día que la joven peinaba su cabello en el campo, el chaneque se le apareció de nuevo y le dijo: -¿Quieres que te ayude a peinar tu hermoso cabello? La chica sonrió, y ambos empezaron a trabar cierta amistad. El chaneque le preguntó si iría a bañarse al otro día a la cascada, a lo que Atlihuetzia contestó que solamente si él no acudía. Sonriendo el espíritu le dijo: -¡No te preocupes, que me esconderé!

La muchacha siguió yendo a la cascada a bañarse, a veces se divertía observando los juegos de los chanequitos o entablando pláticas con su amigo. Un día Matlalcuéyetl se alarmó porque la joven no regresaba a la hora acostumbrada de su paseo por la cascada y acudió a buscarla. Pero no la encontró por más que buscó. Pasó mucho tiempo y la madre de Atlihuetzia comprendió que no volvería a ver a su hija nunca más, porque estaba convencida de que los chaneques la habían raptado y llevado al fondo del agua. La madre se sentó a la puerta de su casa y ya nunca más se movió, murió de tristeza.

Desde entonces la cascada de la montaña lleva el nombre de Atlihuetzia y la montaña el de Matlalcuéyetl. Dicen los habitantes de Tlaxcala que en las noches frescas y claras, puede verse a la joven jugando y cantando con los traviesos y terribles espíritus del agua: los chaneques.

 Sonia Iglesias y Cabrera