Category Archives: Leyenda totonaca

N’ata y Nene

N’ata y Nene
N’ata y Nene

El Cuatro Sol, La Cuarta Era de los hombres totonacos, se llama El Cuatro Agua. En ella tuvo lugar un diluvio que mató a todos los hombres para que se transformaran en peces. El mundo se oscureció y, en un solo día, todas las personas que habitaban la Tierra murieron.

Pasado un año, Dios se reunió con N’ata, El Padre Agua, y con Nene, Germen de Mujer, que eran sus dioses mensajeros. Dios les dijo que no debían tener miedo, que lo que tenían que hacer era plantar un enorme ciprés y meterse dentro de él cuando llegara la fiesta de La Velación.

Cuando todo empezó a oscurecerse, N’ata y Nene se encerraron en el tronco. En eso se oyó la voz de Dios que les decía: ¡N’ata, comerás solamente un elote, y tú Nene harás lo mismo!

Cuando terminaron de comer su mazorca, el tronco se cayó, la pareja hizo una abertura para poder salir. Entonces vieron muchos peces, hicieron una fogata con la leña del tronco del árbol, y cocieron en ella a los peces.

Citlalinicue, La de la Falda de Estrella, y Citlaltónac, las diosas que se encontraban tranquilamente en el Cielo, se dieron cuenta que estaba lleno de humo y, desconcertadas y molestas, se preguntaron que quién estaría provocando la humadera. Cuando Tezcatlipoca, El Espejo Humeante, se dio cuenta de que el Cielo estaba lleno de humo, regañó al Padre del Agua, y les cortó el cuello a N’ata y a Nene, les colocó la cabeza al revés y los convirtió en perros.

 Sonia Iglesias y Cabrera

El Niño Sol y la Luna

El Niño Sol y la Luna
El Niño Sol y la Luna

Hace muchos miles de años, la ciudad de El Tajín, capital del imperio totonaca, era oscura y fría. Las personas que la habitaban llevaban una vida normal: sembraban la tierra, criaban animales. Una de las familias que allí vivía tenía un hijo bueno e inteligente, pero bastante flojo que se pasaba el tiempo observando la oscuridad que lo rodeaba. Un cierto día, su madre, cansada del comportamiento de su hijo, lo corrió de la casa. El niño se fue al monte llevando un poco de la masa que la madre le diera. Cuando le dio hambre, deseo encontrar una familia que le diera tortillas a cambio de la masa. Como no encontró nada, se puso a llorar sobre una piedra, Cuál no sería su sorpresa al sentir que la piedra se calentaba mucho. Tomó porciones de la masa y las puso sobre la piedra calentísima. Se formaron tortillas cuyo aroma llegó hasta su casa. Al sentir el olor, la madre fue a buscar a su hijo para averiguar quién le hacía sus tortillas. Cuando vio la piedra caliente, la mujer, enojadísima, la rompió en pedazos; las lágrimas que derramó el niño cayeron sobre los pedazos de la piedra rota, y descubrió un anillo de oro dentro de la parte central de la piedra. Cogió el anillo, lo colocó en su dedo índice y quedó fundido en su piel.

El muchachito siguió su camino hasta llegar a un pueblo. Como estaba famélico, tocó a la puerta de una casa para pedir que le regalaran un taco. Dentro del jacal se encontraban doce viejos en espera de un importante suceso que les había comunicado Tajín, el dios. Dijo que llegaría un niño de dos mil quinientos cincuenta y cuatro días de edad, que se le hubieran caído siete de sus dieciséis dientes de leche, y que tuviese un anillo incrustado en el séptimo dedo. De los doce viejos, siete repasaban las cuentas de lo dicho por el dios, mientras los cinco restantes preparaban la comida. Cuando el niño llegó a pedirles alimento, inmediatamente se dieron cuenta del anillo de oro que ostentaba en el dedito, lo pasaron a la cocina y le dieron molito de rancho para que satisficiese su hambre.

Después de que todos comieron, los viejos le dijeron al niño que ese anillo que llevaba era la señal del dios para que se convirtiera en el Sol que debía llevar el calor y la luz a sus congéneres los totonacos. Le dijeron que debía dirigirse hacia el Oriente, muy despacio y sin volver la cabeza, hasta que su cuerpo se convirtiera en fuego y luz. Entonces, debería vivir para siempre en el Cielo y venerar al dios del Trueno y del Relámpago. El niño obedeció las instrucciones.

Un hombre malo, envidioso, mujeriego y ambicioso, siguió al niño con el objeto de arrebatarle el anillo y convertirse en Sol. Se transformó en la Luna, pues es bien sabido que siempre va detrás del Sol. Por eso la Luna vuelve a los enamorados apasionados y los incita a decir mentiras amorosas, porque aquel hombre que le quiso robar el anillo al Niño Sol, era enamoradizo, mentiroso y romanticón.

 Sonia Iglesias y Cabrera

El Diluvio y el Mono

El Diluvio y el Mono
El Diluvio y el Mono

Hace mucho tiempo, Dios le dijo a un señor totonaca que estaba paseando por el campo, que se alistará porque se avecinaba un fuerte Diluvio. El hombre, muy asustado, empezó a ahuecar un tronco de árbol para protegerse de las aguas. Dentro del tronco estuvo por muchas semanas, hasta que el Diluvio se terminó y las aguas bajaron. Cuando pudo salir, el hombre tenía mucha hambre, y decidió prender un fuego para cocinar alguna cosa que comer.

El humo de la fogata subió hasta el Cielo y molestó al Señor Dios quien enojado llamó al Zopilote y le ordenó que fuese a decirle al hombre que apagara su fuego porque el Cielo se estaba ahumando mucho.

El Zopilote bajó a la Tierra, pero al ver lo que el hombre cocinaba, se quedó a comer con él. Dios, muy enfadado al ver que el humo seguía llegando hasta su Cielo, envió con el mismo encargo a San Miguel Arcángel. Cuando llegó a la Tierra, San Miguel tomó un tizón y se lo metió en el culo al hombre, le tomó la cara, se la puso en su trasero y el desobediente hombre se transformó en mono. Es por eso que los hombres y los monos se parecen tanto.

 Sonia Iglesias y Cabrera

Gatla Stáki, la Gran Estrella curadora

Gatla Stáki, la Gran Estrella curadora
Gatla Stáki, la Gran Estrella curadora

En la cosmovisión del pueblo totonaco, como en todas las culturas indígenas, el planeta Venus, Gatla Stáku, ocupa un importante lugar por los poderes que tiene para devolver la salud perdida, y por muchas virtudes más que cada etnia le otorga. Este venerado planeta forma parte de una trilogía fundamental de la religión totonaca completada por el Sol y la Luna, la madre de Gatla Stáku. Aparece dos veces en el horizonte: una por el Oriente antes de amanecer y se la nombra Estrella de la Mañana”; y otra por el Poniente cuando llega el crepúsculo, entonces recibe el nombre de Estrella de la Tarde. Cuando aparece por el Este, Gatla Stáku envía corrientes que son buenas; pero cuando se la encuentra en el Oeste sus emanaciones son perjudiciales y dañinas. Así pues, cuando Venus se encuentra en el horizonte matutino ayuda a los curanderos para que curen a los enfermos mediante ciertas ceremonias que se deben realizar para conseguir sus favores.

Junto con la Luna, Gatla Stáku tiene una gran influencia en las relaciones sexuales y en la concepción de las mujeres, es por ello que las parteras también suelen invocarla como una ayuda necesaria a sus funciones. Entre las invocaciones que se le hacen a Venus, destaca la siguiente: Vas a salvar al enfermo, te doy la ofrenda donde estás sentado floreado. Tú eres la Estrella que amanece, la Estrella Grande, la Túmida Estrella La Estrella que da calambre Túmida mujer Estrella y muchachas Estrella. Tú compones a los hombres, todos son iguales. ¿Quién es el tirador parado? ¿Quién es el tirador sentado? (1)Dicho lo cual es absolutamente seguro que el enfermo se restablece.

(1)  Invocación auténtica de los curanderos totonacas.

Sonia Iglesias y Cabrera