Category Archives: Leyenda urbana

El tentador carro rojo

El tentador carro rojo
El tentador carro rojo

Cuenta una leyenda que en lacarro rojo carretera vieja que va desde el Distrito Federal a la Ciudad de Cuernavaca, Morelos, por las noches se ve circular un automóvil rojo. En él van varias mujeres jóvenes, con aspecto de mujeres galantes. Este fantasmagórico carro, dicen los que lo han visto, también se aparece en diferentes lugares de la Ciudad de México, y en lugares muy apartados entre sí.

Las mujeres transitan en dicho automóvil son muy bellas, van vestidas con ropa llamativa y atrevida, como si fuesen o salieran de una fiesta. Gritan y cantan felices de la vida, pareciera que se hubiesen tomado unas cuantas copas de más. Cuando en su recorrido por la carretera o por las calles de la Ciudad de México encuentran uno a varios hombres, con palabras y gestos obscenos lo invitan a subirse al carro rojo, que por cierto es muy elegante.

Las mujeres son tan bellas y sus actos provocativos tan sexuales que pocos son los hombres que logran substraerse a la invitación. Una vez que el hombre ha subido al carro rojo, desaparece por varios días, hasta que por casualidad su cuerpo es encontrado a la orilla de la carretera o en la cuneta de alguna de las calles citadinas.

Cuando el cuerpo es revisado en la Morgue, se le encuentran tatuadas señales, símbolos y dibujos que hacen pensar que esas mujeres pertenecen a alguna secta diabólica, y que la víctima ha sido objeto de ceremonia y rituales pavorosos, aun cuando ningún hombre a sobrevivido para contarlos.

Sonia Iglesias y Cabrera

Fuente: Leyendas de terror

Miguel

Miguel
Miguel

Un niño de nueve años caminaba la noche del 1° de noviembre por una calle de la Ciudad de México. Un señor que lo vio, se asomó a la ventana de su casa de la planta baja y le preguntó el porqué se encontraba en la calle a esas altas horas de la noche, y le instó para que se fuese a su casa. El infante replicó que no podía hacerlo pues debía conseguir dulces para llevárselos a un amigo suyo que no podía salir de su casa, la cual señaló con su dedito. El señor contestó que eso era imposible ya que la casa en cuestión se encontraba abandonada desde hacía mucho tiempo. Pero ante la insistencia del niño en llevarle dulces a su amigo, el hombre decidió acompañarlo hasta la casa. Al entrar en la morada el señor sintió una extraña presencia, y de pronto vio a un pálido y transparente niño pequeño que tendía la mano en espera de recibir un obsequio. Ante esta aparición el hombre, asustadísimo, salió corriendo hasta su hogar.

Al otro día, acudió con una vecina al lugar, se trataba de una mujer muy anciana que era ducha en esoterismo y le contó lo sucedido. La mujer le informó que hacía ya muchos años, una señora había tenido un hijo sin estar casada y que su enamorado había huido, cobardemente, para no cumplir con las responsabilidades de la paternidad. Cuando el niño nació, el padre de la joven burlada temeroso del qué dirán, escondió al pequeño, que recibió el nombre de Miguel, en una habitación,. Ahí creció el pobre niño sin amor y muy solo. Pasados unos años, ante tanto sufrimiento la madre se suicidó. El abuelo de Miguel, ante este hecho tan doloroso, abandonó la casa, pero se olvidó de Miguel a quien dejó abandonado en el cuarto. Miguel, de tan sólo seis años murió de hambre y de sed en su habitación.

Desde entonces, explicó la mujer esotérica, el fantasma de Miguel se aparece a los niños del barrio para pedirles un poco de comida durante las fiestas de Día de Muertos, porque fue en esas fechas que el desdichado chamaquito perdió la vida.

 Sonia Iglesias y Cabrera

La Coquita, el hombre de las muñecas

La Coquita, el hombre de las muñecas
La Coquita, el hombre de las muñecas

El señor Julián Santana Barrera nació en el Barrio de la Asunción en Xochimilco, donde pasó toda su vida. Ya de adulto le gustaba ir a tomar su pulquito en el expendio llamado Los Cuates situado en la Plazuela de la Asunción. A Julián le apodaban en el barrio La Coquita, un pájaro muy conocido en la zona de las chinampas y que es muy chiquito, como lo era Santana. Vendía lss verduras y hortalizas que cultivaba en el mercado de Xochimilco. Cuando terminaba con la mercancía, se iba a Los Cuates a refrescarse con el pulque. No hablaba con nadie, pues era bastante retraído.

A Julián le dio por recoger muñecas que se encontraban en los botes de basura. Cuando las autoridades limpiaron el lago de Xochimil de la invasión de lirio acuático, se dieron cuenta que la chinampa de La Coquita estaba rodeada de muñecas que colgaban de las matas, los árboles y de la fachada de su humilde casa. Ante este hecho lo quisieron entrevistar muchos periodistas, pero él nunca aceptó. A un muchacho que había sido jicarero en Los Cuates le platicó que las muñecas de su chinampa servían para ahuyentar a los malos espíritus y para que su cosecha se diese bien, que las muñecas cobraban vida y le hacían compañía por las noches. Tenía una muñeca preferida a la que llamó La Moneca, que le acompañaba en todas las chozitas que tenía. Una de ellas estaba llena de mulitas que Julián hacía con hojas de maíz, otra estaba llena de cruces y de fotografías de artistas de cine y de políticos, otra de las chozas estaba llena de carpas secas que pescaba en el lago y de recortes de las entrevistas que habían logrado hacerle. Cuando ya no pudo ir a vender sus productos al mercado lo hacía por él su sobrino apodado El Chope.

Un mal día La Coquita murió de manera misteriosa. Una mañana se fue a sacar agualodo para hacer el chapín, la composta que se hace con lirio acuático, pescó en el lago un gran pez que siempre decía que se le escapaba. Mientras esto hacía don Julián, su sobrino fue a ordeñar las vacas. Cuando regresó, vio a su tío que se había ahogado, se lo había llevado una sirena que lo atrapó a orillas del lago.

Así murió don Julián, el de las muñecas, quien fuera enterrado en el Panteón Municipal de Xochimilco Xilotepec, y así se convirtió en el famoso hombre de las muñecas de la leyenda que aún puede oírse en los barrios de Xochimilco, Distrito Federal.

 Sonia Iglesias y Cabrera

 

 

Don Ferruco

Don Ferruco
Don Ferruco

Cuenta la leyenda que Don Ferruco fue un personaje de la tradición oral de Guadalajara. Contaba con cuarenta años y usaba bastón. No podía hablar porque era mudo, como varios miembros de su familia de apellido Jaso, la cual procedía de las Haciendas de San Vicente, en Tamazula o de las Barrancas de Atenquique, no se sabe con seguridad. Se crió en Tonina, pero vivió en muchas ciudades de Jalisco donde le quisieron mucho porque era servicial y muy buena gente, siempre ayudando al prójimo.

Le apodaban Don Ferruco, nombre que para algunos era un diminutivo de “Francisco”, o una derivación de “Fernando”, o tal vez se trataba solamente de un apodo puesto al azar, sin ninguna significación. Cuando llegaba el Día de Muertos, a Don Ferruco le dedicaban muchas “calaveras” con sus respectivas caricaturas. Asimismo, su imagen apareció en los juegos de la Lotería que editaba la casa Loreto y Ancira. También se imprimieron tarjetas postales con su imagen.

Siempre fue un hombre muy querido a quien una rica familia proporcionaba habitación, comida y sustento. Entraba a los grandes almacenes de Guadalajara donde siempre le regalaban alguna ropa de su agrado. Los domingos se paseaba por el Paseo de los Portales y diariamente acudía a la Plaza de Armas a piropear a las chicas guapas. Entraba a los cines gratuitamente, y las vendedoras de tepache de la Plaza siempre le obsequiaban con un vaso del sabroso refresco. Los barberos le afeitaban y le pelaban sin ningún costo, y subía a los tranvías de la ciudad sin cobro algunos.

Don Ferruco murió en el Hospital de San Camilo. Su personalidad agradable y simpática quedó para siempre en la conseja popular de la tradición oral de Guadalajara.

 Sonia Iglesias y Cabrera

El Mercurio Volante y El Diario de México

El Mercurio Volante y El Diario de México
El Mercurio Volante y El Diario de México

El primer “periódico” que conoció la Nueva España llevó el nombre de Mercurio Volante, una hoja de noticias editada por Carlos de Sigüenza y Góngora en la cual que se reseñaban noticias de carácter social, cultural, científico e histórico. El primer volante apareció en 1693. Sigüenza, uno de los primeros intelectuales criollos nacidos en la Nueva España, fue historiador, escritor, arqueólogo, astrónomo; en fin, un polimata sin lugar a dudas. Vivió cincuenta y cinco años, más de la mitad de ellos dedicados al estudio y a la producción de sus magníficas obras. Estudió en la Compañía de Jesús en Tepoztlán y después en Puebla; posteriormente, ingresó a la Universidad Real y Pontificia de la Ciudad de México. Entre sus múltiples obras: Piedad heroica de Don Hernando Cortés, Libra astronómica y philosóphica, Las glorias de Querétaro, Primavera Indinana, Elogio fúnebre de sor Juana Inés de la Cruz, y muchas otras más, se encontraba la producción de su hoja noticiosa Mercurio Volante.En dicha publicación aparecían temas tales como las sublevaciones indígenas, el motín del 8 de junio de 1692, las inundaciones y pestes que padecía la ciudad colonial.

Cerca de dos siglos más tarde, Carlos María Bustamante, oaxaqueño que había estudiado teología para luego emprender los estudios de jurisprudencia en la Ciudad de México, fundó, junto con Jacobo Villaurrutia el famoso Diario de México, en 1805, diario libertario que estaba a favor de la independencia del Virreinato de la Nueva España. He aquí sus palabras: En 1805, el alcalde del crimen don Jacobo de Villa Urrutia, venido de Guatemala donde había sido oidor de aquella audiencia y fundador de una sociedad de economía (la primera que se estableció en esta América), solicitó por mi mano que se estableciese un Diario que comprendiese artículos de literatura, artes y economía, a semejanza del de Madrid; Iturrigaray se prestó a ello, oídos los fiscales, constituyéndome yo editor de ese periódico y Villa Urrutia director; pero sujetándolo sin embargo a previa censura. Comenzóse a publicar en principios de Octubre de dicho año, con tanta aceptación que en Enero del siguiente se contaban 507 suscritores (sic).

El censor del Diario de México fue el fraile mercedario Melchor de Talamantes. Contaba con muchos articulistas, entre ellos José Joaquín Fernández de Lizardi y Andrés Quintana Roo.

En el diario se trataba de dar a conocer las costumbres, los vicos y las vicisitudes de la vida colonial, además, aparecían artículos relacionados con las letras mexicanas, con la filosofía, la ciencia y los diversos acontecimientos culturales que se efectuaban en la ciudad. La imprenta en que se elaboraba este diario pertenecía a la señora María Fernández de Jáuregui, aun cuando la administraba su esposo Francisco sales Quintero, misma que se encontraba situada en la antigua Calle de Santo Domingo. El último número del Diario apareció el 4 de enero de 1817.

 Sonia Iglesias y Cabrera

El café con leche

El café con leche
El café con leche

El primer café o mejor dicho, la primera cafetería que se conoció en el mundo occidental, lo fundó, en el año de 1643 en París, un levantino en un pequeño establecimiento del pasaje que iba de la calle de Saint-Jacques a la de Petit-Pont, se le conoció como cahout o cahove, pero no tuvo éxito alguno. En 1644, Procope estableció un café en la Rue de Tournon, ese fue el café inicial del posterior connotado café Le Procope fundado en 1686, situado frente a la famosa Comedia Francesa. En nuestro país, el primer café se conoció fue finales del siglo XVIII; estaba ubicado en la Calle de Tacuba, cerca de la Plaza Mayor. Desgraciadamente, no se conoce ni el nombre del propietario ni el de la cafetería. Solamente se tienen noticias de una curiosa anécdota que nos dice que en ese café se cantó por primera vez la Marsellesa, el hermoso himno francés, que fuera escrito por Claude Rouget de Lisle en 1792.

Dicho establecimiento surgió en1785, cuando el café empezó a cobrar gusto en el paladar de los habitantes de la Nueva España, quienes gustosos los aceptaron para siempre. La leyenda nos cuenta que a la puerta de la cafetería se apostaban los meseros, e invitaban a los pasantes a entrar en ella con el siguiente reclamo: – ¡Pasen, pasen sus mercedes, a beber café y a comer molletes al estilo francés! El café “al estilo francés” consistía en agregarle leche y azúcar para endulzarlo. No sabemos si los molletes eran como los conocemos actualmente o eran una copia del mollete francés de esa época, lo cual es lo más probable. Lo que queda claro es que el café con leche empezó a tomarse en México entre los años de 1785 y 1786, para beneplácito de los cafetómanos.

 Sonia Iglesias y Cabrera