Category Archives: Leyenda yucateca

Pudding, el gato

Pudding, el gato
Pudding, el gato

En las postrimerías del siglo XIX, en la esquina que forman las calles 60 y 67 en la Ciudad de Mérida, Yucatán, estaba situada una casa en la cual vivía un sacerdote llamado Bernardo Briseño. Estaba el buen hombre a cargo de la Iglesia de San Juan. La casa la habitaba solamente él, aun cuando una mujer del pueblo acudía dos veces por semana para encargarse de las tareas domésticas.

El sacerdote no era joven, contaba con setenta y cuatro años bien cumplidos. Su carácter era seco y amargado, lo que le impedía sentir amor por los animales, por lo tanto no tenía ni gato ni perro, nada más se acompañaba de un canario. La mujer que le ayudaba en las faenas domésticas se llamaba doña Rosita y como era vecina del cura mal encarado, también le llevaba sus alimentos todos los días, los cuales depositaba sobre la mesa del comedor.

Otro vecino de don Bernardo era panadero y su tahona la tenía a dos casas de la suya. En la panadería había muchos gatos que eran de mucha ayuda, pues contribuían a espantar a los hambrientos ratones que se comían la harina y el azúcar para los panes. Pero los gatos tenían la costumbre de llegarse hasta la casa del cura y de comerse los alimentos que dejaba la vecina sobre la mesa. Un día, los gatos tiraron la jaula del canario y estuvieron a punto de comérselo, pero llegó doña Rosita y lo impidió.

Un domingo en que don Bernardo regresaba a su casa después de impartir la misa y con mucha hambre pensando en el sabroso potaje que le tenía servido doña Rosita, descubrió que unos de los gatos del pandero llamado Pudding había dado fin a su comida. Al verlo llegar Pudding echó a correr a una recámara, el sacerdote tomó una tranca y salió en su persecución. Al verse atacado, el goloso gato se le fue encima y le rasguñó el cuello alcanzándole la yugular. Don Bernardo comenzó a sangrar profusamente hasta que se desvaneció.

Al otro día, el lunes muy de mañana doña Rosita se presentó en la casa del sacerdote. Cuando entró en la recámara para hacer la cama, se encontró al hombre tirado en el suelo en medio de un enorme charco de sangre y con una palidez cadavérica. El gato, Pudding, se encontraba a su lado lamiendo muy tranquilamente la sangre.

 Sonia Iglesias y Cabrera

El ojo de agua

El ojo de agua
El ojo de agua

Cerca de la magnífica ciudad de Mérida, en el estado de Yucatán, en un pequeño pueblo vivía una mestiza que tenía un bebito de tan solo unos cuantos meses, junto con su perra amarilla. La mujer era viuda, su esposo había fallecido a causa de una cirrosis muy fuerte por ser bebedor empedernido de xtabentún, la bebida regional hecha a base de miel fermentada de abejas alimentadas con la flor del mismo nombre, a la que se agrega anís.

Mariquita era muy pobre, el agua para cubrir sus necesidades domésticas y de aseo debía traerla de un pozo que quedaba algo retirado de su jacal. Todos los días acudía al pozo con cántaros, caminaba mucho y se cansaba. Uno de tantos días, preparó sus ollas para salir, pero el nene lloraba mucho, no se quería dormir y Mariquita no se quería ir y dejarlo solo. Irritada porque el niño no paraba de llorar, la mujer empezó a insultar a la perra y a decirle cosas muy desagradables: -¡Maldita perra inútil y floja, te pasas la vida echada en el suelo, ni siquiera sirves para ayudarme a cuidar al escuincle chillón! ¡No sirves para nada!

Como la necesidad del agua era imperiosa, Mariquita tuvo que irse al pozo a pesar de los desgarradores llantos del bebé. Cuando regresaba a su casa cargando los enormes cántaros, escuchó una voz muy dulce que cantaba una canción de cuna. Al abrir la puerta, se dio cuenta de que era la perra amarilla la que cantaba al niño al tiempo que mecía la hamaca donde se encontraba acostado. Al momento de ver tan singular espectáculo, la mujer soltó los cántaros y toda el agua se derramó. Fue tal la cantidad de agua que salía de las ollas que la casa se inundó y se formó un ojo de agua.

Impresionados por lo acontecido, algunos vecinos me metieron al ojo de agua para averiguar el porqué se había formado ese ojo, pero todos murieron ahogados en el intento, todos menos un señor que era muy buen nadador y que al introducirse al agua pudo ver, en sus profundidades, a doña Mariquita, al niñito en su hamaca plácidamente dormido y a la caritativa perra amarilla entonando una dulce canción.

 Sonia Iglesias y Cabrera

Halal, el dios solar

Halal, el dios solar
Halal, el dios solar

Hahal, dios de los mayas yucatecos, es la representación de Jesucristo, y un personaje importante en la curación de las enfermedades. Cuando el curandero, el h’men, está en funciones y dice sus plegarias, éstas llegan a la bóveda celeste a través de un orificio, el U Hol Gloryah y el dios Hahal las escucha. Por medio de dicho orificio, el dios solar envía a su vez las curaciones necesarias para curar a los enfermos, sobre todo si el Sol se encuentra en el mediodía, el mejor momento, y la curación es más efectiva si se realiza los martes o los viernes.

El símbolo del Verdadero Dios, de Hahal Dios, es la cruz, la cual le informa al dios de la conducta de los seres humanos, de sus penas y de sus peticiones. Donde hay una cruz está Hahal. Dios Yumbil, como también se le llama; esta deidad gobierna el universo, mora en la Gloria, todos los espíritus y dioses están bajo su dominio. Como es de carácter difícil ya que es enojón e impaciente, no gusta de tratar directamente con los humanos, porque son muy latosos y pedinches, razón por la cual tiene como intermediario a su hijo Kichkelem Yum, Precioso Señor, dios Mehenbil, Dios Hijo, o Yumbil Jesucristo, Señor Jesucristo. Hahal Dios existe desde tiempos muy antiguos, se le puede llamar también Juan de la Cruz -por un profeta que vivió en el siglo pasado- o Tata Tres Personas.

Halal Dios cuenta con los santos menores como intermediarios entre los seres humanos y él. Los santos bajan a la Tierra como hombres para observar su comportamiento. En cambio, los santos mayores permanecen a la vera de Halal Dios y le sirven como ayudantes. Entre los santos mayores están San Pedro, San Pablo, San Bernardo, San Marcos, San Juan Bautista y Corpus Christi. Como subordinados a Hahal Dios están todos los seres sobrenaturales que son los dueños de los elementos de la naturaleza; por ejemplo los dueños de la lluvia, los vientos, la fertilidad, los protectores de las milpas y de los pueblos, a los que las personas llaman yuntzilob, los patronos.

 Sonia Iglesias y Cabrera