El Señor de las Maravillas

El Señor de las Maravillas
El Señor de las Maravillas

En El Arenal, municipio del estado de Hidalgo, situado a vente kilómetros de Pachuca, se encuentra un santuario dedicado al Señor de las Maravillas, un santo de lo más milagroso, a quien visitan devotos de todas partes de la República Mexicana. La historia de la imagen del santo comienza en el año de 1806, cuando una mujer de Atotonilco El Chico, acudió al Arena para vender una santo Cristo al que llamaba el Señor de los Laureles. Nadie quiso comprarlo; sin embargo, un señor llamado Andrés Pérez al ver la necesidad en que se encontraba la pobre mujer, decidió organizar una colecta en la que recaudó treinta pesos que dio a la dama a cambio de la imagen.

Al Cristo le erigieron una pequeña ermita a la que acudían algunos fieles. Con el tiempo los feligreses se dieron cuenta de que era muy milagroso y se le empezaron a atribuir muchos milagros.

Unos de sus milagros más conocidos nos refiere lo ocurrido a un matrimonio que no se llevaba muy bien. El hombre acudía a trabajar al campo todos los días; y mientras él se fajaba en los duros trabajos agrícolas, la mujer acudía a citas clandestinas para ver a su amante. Un mal día, alguien le fue con el chisme al marido, quien celoso como era, decidió vigilar a la adúltera mujer. Al dirigirse a una de sus pecaminosas citas, el engañado la sorprendió y le preguntó que qué era lo que llevaba en una canasta cubierta con una servilleta bordada en color rojo; la esposa, sabedora de lo celoso e iracundo que era el hombre, desesperada clamó al Señor de la Maravillas que la sacara de ese espantoso trance. Cuando el hombre le preguntó lo que llevaba en la canasta, la mujer respondió: -¡Querido esposo llevó flores del campo para adornar el altar del Santo Cristo! El cornudo marido no el creyó, pues pensó que llevaba comida para satisfacer el hambre que produce hacer el amor y, en un arranque de furia, le tiro la canasta al suelo y ¡Oh, milagro, al suelo cayeron flores de lo más bonito que se desparramaron alrededor de la mujer!

Debido a éste, un tanto cuanto injusto milagro, desde entonces el Cristo recibió el nombre de El Señor de las Maravillas, y se le edificó un buen santuario donde se le venera hasta la actualidad.

 Sonia Iglesias y Cabrera

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