Los celos de don Juan Manuel

Los celos de don Juan Manuel
Los celos de don Juan Manuel

En la Calle de República de Uruguay de la Ciudad de México, existe una hermosa casa construida, en el año de 1783, con chiluca y tezontle. La adornan gárgolas, torreones y puertas de madera. En esta casa vivía don Juan Manuel Solórzano, conde de la Torre de Cosío, hombre rico y amigo del virrey don Lope Díaz de Armendáriz, marqués de Cadereyta. Como tuvo la mala idea de hacer negocios no muy lícitos, un cierto día fue a parar a la cárcel; su amigo el virrey le salvó de morir en el patíbulo.

Dicho percance le marcó profundamente y dejó los negocios para encerrarse en su casa a sufrir su ruina social. Tan amargado y triste se encontraba que en sus desvaríos le dio por dudar de la fidelidad de su esposa, doña Mariana de Laguna. Todo el tiempo se la pasaba vigilándola y escudriñando en sus pertenencias, a fin de encontrar alguna prueba de su supuesta infidelidad. Tantos fueron sus celos y sus sospechas que, en un momento de desesperación y angustia, decidió invocar al Diablo y ofrecerle su alma a cambio de que le dijese quién era el hombre con que Mariana lo traicionaba. El Diablo aceptó la oferta y le indicó que saliese de su casa a las once de la noche y matase al primer sujeto que pasara. Y así lo hizo. Cada noche salía a la calle y mataba al que pasaba frente a su casa. Al día siguiente las autoridades recogían los cadáveres de los hombres apuñalados por don Juan Manuel.

Ya nadie se atrevía a salir de su casa por la noche, el miedo cundía en la ciudad colonial. Así continuó su macabra tarea, hasta que un día, en un momento de lucidez, acudió al Convento Grande de San Francisco y se confesó a un fraile. El religioso, horrorizado, le escuchó en silencio, y como penitencia le impuso a Don Juan Manuel que fuese durante tres noches a la Plaza Mayor, se arrodillase al pie de la horca y rezase un rosario.

La primera noche que el infeliz asesino rezó en la Plaza, se le aparecieron almas en pena que le anunciaban con voz siniestra su próxima muerte. Al segundo día sucedió lo mismo, y el desdichado hombre se encontraba totalmente desquiciado por el terror. El tercer día, don Juan Manuel de quitó la vida colgándose de la horca. Al amanecer, los habitantes de la ciudad vieron su cadáver colgando. No faltó quien dijera que habían sido las almas en pena quienes le habían dado muerte.

Esta fue la terrible tragedia que le aconteció a don Juan Manuel, quien fuera unos de los descendientes del emperador Moctezuma Xocoyotzin.

Sonia Iglesias y Cabrera

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